| El bloque afectado es uno de los 27 que no han sido incluidos en el proceso de rehabilitación | |
| “Hay que obligar a que se hagan los diagnósticos”, según el presidente de la asociación de vecinos del Turó de la Peira | |
LLUÍS SIERRA | ANTÒNIA JUSTÍCIA - 16/03/2006
BARCELONA
Quince años después de su lamentable presentación en sociedad, el fantasma de la aluminosis volvió a hacer triste acto de presencia en el barrio del Turó de la Peira. Los bomberos de Barcelona desalojaron ayer a 87 vecinos del edificio número 338 del paseo Fabra i Puig, de ocho plantas de altura y 37 viviendas, seis de ellas deshabitadas. El inmueble presenta “patologías estructurales”, según la definición que ofrecieron técnicos del Ayuntamiento de Barcelona: una pared maestra de la primera planta se ha abombado y agrietado. El edificio está junto a la boca de metro de Vilapicina de la línea 5.
El bloque, construido en los años sesenta por el Grupo Sanahuja, es uno de los 27 de todo el Turó de la Peira cuyos propietarios no se han acogido al programa de diagnosis de patologías y rehabilitación (con subvención pública) que se estableció para los edificios construidos con cemento aluminoso. Los vecinos del número 338 de Fabra i Puig (en su mayoría propietarios de sus viviendas, salvo en siete casos, que se mantienen como inquilinos de la empresa Urbinsa, del Grupo Sanahuja) decidieron no acogerse a dicho plan por considerar que el problema no revestía, al menos en su caso, excesiva gravedad. Ayer, el concejal Cuervo lo recordaba. Los vecinos también: el bloque de al lado, el 340, sí se sometió a rehabilitación hace unos años. Otros vecinos señalaban que el coste de la rehabilitación era alto, pese a las ayudas otorgadas.
Sólo en el año 2001, “a requerimiento del distrito”, según el concejal de Nou Barris, José Cuervo, se hizo una rehabilitación de la fachada, cubiertas y patios. Ahora habrá que afrontar la rehabilitación interior total, aunque el programa actual prevé ayudas de hasta un 35% del coste, bastante inferiores a las que se ofrecían hace unos años.
Fue una inquilina, Felipa Luna, la que despertó la alarma. Hace varios días, según explicó, vio una grieta en la pared maestra, pero no se alarmó demasiado (”ya había grietas en los techos”), pero el lunes, al volver de fin de semana, advirtió que “la grieta había explotado”, y llamó a los propietarios el mismo lunes. Ayer miércoles, a primera hora, el administrador y un aparejador se presentaron en el piso. Vieron la pared abombada y la grieta y avisaron a Regesa. Al mediodía, técnicos municipales, entre ellos el arquitecto Carles Buixadè (que dirige las obras de rehabilitación en el barrio del Carmel), habían comprobado la gravedad del desperfecto y decidieron el desalojo. Entre las 13.30 y las 21 horas, todos los vecinos habían abandonado la vivienda tras retirar artículos de primera necesidad. El último fue un vecino, transportado en camilla tras un ataque de ansiedad, al que los servicios de urgencia decidieron no trasladar hasta que marcharan los fotógrafos de prensa y las cámaras de televisión, para evitarle después ver su imagen en tal trance. Los desalojados no sabían cuándo podrían volver a casa, aunque se supone que será cuestión de días. El concejal Cuervo no quiso ser pesimista, pero tampoco abonar la expectativa de un rápido regreso. Médico al fin y al cabo, el concejal diagnosticó: “Pronóstico reservado, a la espera de la evolución del paciente”.
Hoy empezarán las tareas de apuntalamiento, y esta tarde los técnicos volverán a evaluar el estado de la finca, para establecer un posible primer calendario de retorno a casa.
Con el deterioro de lo comprobado ayer, la aluminosis se ha manifestado otra vez en el Turó de la Peira. El último episodio grave en el Turó (aunque no se estableció la relación directa con la aluminosis) ocurrió en enero de 2005, cuando hubo que desalojar a 98 familias de una manzana que acabó derribándose, tras haber cedido la construcción a causa de un escape de agua de una alcantarilla en reparación en la calle Sant Iscle.
Mucho antes, en diciembre de 1991, la aluminosis apareció brutalmente, con el derrumbe de un techo que mató a una vecina de la calle del Cadí, a poco más de 200 metros de la finca desalojada ayer. Se inició entonces un proceso de detección de esta patología en todo el barrio y en otros de Barcelona y toda Catalunya. Tras la detección, vino la sustitución de muchas de estas viviendas, y la rehabilitación de otras muchas, pero no de todas, como quedó palmariamente claro ayer.
Sólo en el Turó de la Peira, se detectaron unas 3.000 viviendas con aluminosis. Un millar se han tenido que sustituir (aún queda más de un centenar en construcción, que se acabarán dentro de un año largo). De las otras 2.000 la mayoría se han acogido a los programas de rehabilitación, y se han arreglado o, como mínimo se ha hecho un diagnóstico de su estado y hay compromiso para rehabilitarlos. quedan los 27 bloques, en todo el Turó, algunos en el mismo paseo de Fabra i Puig, que no han entrado en ese programa.
“Hay que obligar a que se hagan los diagnósticos -decía anoche el presidente de la asociación de vecinos del Turó de la Peira Antonio Silva-. He hablado con el concejal Cuervo y se obligará a hacerlo, pero hay que dar más ayudas.
Arxivat a Dist - Nou Barris, Habitatge