La crisis y la gestión municipal

Març 21, 2009

Pere Navarro (El País)

Desde hace unos meses, los ayuntamientos estamos muy presentes en los medios de comunicación. Y de esta presencia mediática resulta un balance más negativo que positivo. En estos años de boom inmobiliario, la existencia de casos de corrupción relacionada con el urbanismo ha dejado la idea de un municipalismo tibio con la especulación, cuando no sospechoso de connivencias. Aparecemos también como obstáculo a la actividad económica privada por la lentitud y la complejidad de la tramitación de licencias, y como defensores de normativas obsoletas y burocracias inoperantes.

La última guinda que nos han atribuido es la responsabilidad en las dificultades de liquidez de muchas empresas por nuestra morosidad o por nuestros retrasos en el pago a contratistas y proveedores. ¡Pues sí que somos influyentes! No importa que muchos ayuntamientos paguemos a 60 días de recibir facturas (mucho menos tiempo que en la mayoría de las actividades privadas). La idea que queda es que la morosidad municipal condena a muchas empresas. Y no es verdad. No quiero hacer una defensa corporativa de los gobiernos locales, pero sí quiero destacar una realidad escasamente valorada respecto de la gestión de la inmensa mayoría de los ayuntamientos, apelando a un ligero ejercicio de memoria histórica reciente.

En 1979, con la llegada de la democracia municipal, los ayuntamientos gestionaban el 13% del gasto público español. Tenían escasa capacidad y proporcionaban pocos servicios. Pero lidiaron la crisis de la reconversión industrial. Fueron los tiempos de las ZUR (zonas de urgente reindustrialización), de la dotación de infraestructuras, equipamientos y servicios urgentes para atender a una ciudadanía que se estrenaba en democracia y en una relación de exigencia ante los poderes públicos inaudita: urbanización de barrios, zonas verdes, colegios, etcétera. En los años noventa se rehabilitaron centros urbanos degradados, se montaron nuevos servicios para nuevas demandas sociales: formación ocupacional, guarderías y ludotecas o centros de día para la tercera edad. En el siglo XXI, los ayuntamientos asumimos la gestión de la creciente diversidad y la complejidad de la vida ciudadana, con nuevos problemas de convivencia, con nuevos riesgos para la cohesión y el bienestar. Nos hemos encargado de la integración de cerca de un millón de inmigrantes en Cataluña y de aproximadamente 3,5 millones en el resto de España. Ahora se nos confiere la responsabilidad de gestionar una de las medidas estrella del Gobierno para paliar los estragos de la crisis en el empleo: los 8.000 millones de euros del Fondo Estatal de Inversión Local, que despierta grandes expectativas de creación de puestos de trabajo.

Un estudio de la Diputación de Barcelona calcula en el 33% el gasto municipal destinado a los llamados “servicios impropios”, que no son de competencia municipal. ¿Por qué? Porque el gobierno local es el más cercano y accesible, y los ciudadanos le plantean todas sus demandas. El municipalismo las asume y las resume en una expresión que muchos alcaldes hacemos nuestra: “Todo lo que sucede en la ciudad es de mi competencia, y lo que no, es de mi incumbencia”. Los ayuntamientos nos aprestamos a cumplir con nuestro deber de gestionar la crisis y buscar soluciones a los problemas de nuestras ciudades, pero seguimos gestionando el mismo 13% del gasto público.

La ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, afirmó recientemente que este año se cerrará el acuerdo para la nueva financiación local, que debería permitir una mejora sustancial de la tesorería de muchos municipios con dificultades para cumplir sus obligaciones. Es imprescindible que así sea. Por el bien de la ciudadanía.

2 Respostes to “La crisis y la gestión municipal”


  1. Más corrupción en Barcelona…

    9-05-09 JUICIO EN BARCELONA POR EXTORSIÓN Y DENUNCIAS FALSAS.

    ACUSADOS, RAFAEL JIMÉNEZ DE PARGA, ALFREDO SÁENZ ABAD Y OTROS.

    Rafael del Barco Carreras

    Hasta el lunes 11-05. Un paréntesis. Se juzgan 40 años de una forma de hacer de las clases dirigentes barcelonesas, y los cinco oyentes, tres tomando notas, periodistas y yo, y dos supongo abogados, definen el escaso interés despertado. Diría que el interés se centra en el banquero, Alfredo Sáenz Abad, segundo de Emilio Botín. Para mí, su presencia en el juicio, es secundaria. Los buitres, abogados y juez, utilizaron la denuncia del Banesto, como lo hicieron con tantas otras para extorsionar a clientes propios y ajenos. Clientes que unos, no tenían ni idea que su abogado, el de la parte contraria, y hasta el juez, iban al unísono a por su dinero, o culpándole librar a otro que pagaba más, y otros, maldecían su mala suerte, porque eran muy conscientes de la tela de araña en que cayeron.

    El tema es tan pútrido, que mejor no menearlo en Prensa y menos en la Tele, así la mayoría de los ciudadanos no sufrirá el mal olor. En las cuatro sesiones, en casi exhalaciones, se han nombrado directa o indirectamente a todos los grandes poderes y empresas barcelonesas. Quizá soy el único de los presentes que deduzco que FALSIFICAR es propio de mi gran Ciudad. Lo mismo se falsifica si se factura con iva o en negro, que en una gran y doble contabilidad, en cuentas falsas en la banca, terrenos que no existen, denuncias, o las actas en un juzgado.

    Muy curioso que los abogados defensores, al carecer de pruebas de las relaciones de los acusadores y antes acusados con Banesto y Harry Walker, objeto del juicio, lejos de referirse a las citadas en un acta judicial firmada por el Juez Pascual y su defendido Jiménez de Parga, conscientes de su falsedad, se dedican a desacreditar a los declarantes, gente rica y con conexiones suizas. Se nombró más a una gran inversora suiza GESTOR que a Banesto. Iban a por el “algo harían”. Ni yo, ducho en banca, entendía nada.

    Así se justificaba el juez Luis Pascual Estevill, látigo de los grandes burgueses catalanes, todos tan tramposos, que él y su grupo de grandes bufetes “asociados” se dedicaron a vaciar sus cajas fuertes. Alfonso Escámez y los suyos, Banco Central, sacaron 300 millones de FECSA, de 50 en 50, en bolsas del Corte Inglés, contaron… a Bertran de Caralt, familia Güell, le pedían la misma cantidad, pero en nuestro breve encuentro en La Modelo, 1993, le recomendé cambiar de abogado, Piqué Vidal por Octavio Pérez Victoria, también íntimo del juez, pero hombre más moderado, que sin duda moderaría la ansiedad dineraria de Pascual, ludópata empedernido. En juicio mantuvo que él no pagó al juez, pero los solo seis días en La Modelo, en la celda contigua a la mía, me confirmaría lo contrario. Sitúo la escena para que quienes me acusan de mentir puedan comprobar en lugar de insultar. Varios de los que no pagaban, porque no tenían dinero, permanecieron en prisión mucho más tiempo.

    Imaginarle llegar con el Jaguar y Montecristo en la boca a su gran y preciosa mansión en Sitges, contar el dinero, e irse al cercano Casino de San Pere de Ribas, asiduo, no requiere demasiada imaginación. Aunque el tener allí “cuenta abierta”, ilegal, (yo presencié su firma en una ficha contable el día antes de que me encarcelaran y celebrando con él un supuesto sobreseimiento de mi caso Consorcio) hace innecesario sacar el dinero de las bolsas y así se ingresaban en los bancos cercanos a su bufete. Alguna bolsa pudiera figurar en el HABER de esa ilegal cuenta compensando las enormes pérdidas que cualquier ludópata sufre en los casinos (o blanqueando) y máxime si el dinero le entra con tanta facilidad. La absoluta creencia en su IMPUNIDAD se convirtió en una más de las pruebas acusatorias.

    Me pregunto cuantos de los 25 millones de aquel domingo 10-09-94 fueron a su bolsa y cuantos a la del abogado Jiménez de Parga que proporcionaba clientes y falsedades. El tema da para tantos limitados comentarios en Internet… que seguiré… sobretodo tras la declaración del propio Pascual Estevill…


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