Lujo y necesidad en el Raval sur

Juny 15, 2008

Los vecinos de la parte baja del barrio se quejan de la falta de viviendas y equipamientos sociales y del exceso de instalaciones pensadas para el turismo

(La Vanguardia)

La señora Maria contemplaba bajo un paraguas los dos solares que han quedado frente a los jardines del Baluard y la plaza de Blanquerna. “Se ven muy pequeños, ¿no le parece? La verdad es que no sé cómo van a meter un hotel de lujo en cada uno”. Se dio media vuelta y, mirando hacia la calle Arc del Teatre, donde hay otros dos solares, dijo que también esos le parecían pequeños. “Sobre todo este”, dijo señalando un recinto vallado con un cartel informativo del Estado: “Oficina integral de la tesorería general de la Seguridad Social. Inicio de las obras, junio 2008”. “El de allá al fondo es otra cosa. Allí estuvo el teatro Colón. Han conservado la fachada. Será otro hotel de lujo”.

Tres días antes de esta visita, una vecina de la señora Maria había preguntado a la concejal de Ciutat Vella, Itziar González, si le parecía bien que hubiera tantos hoteles en un barrio tan falto de viviendas y equipamientos sociales. La concejal celebraba, en la sede del distrito, una de las audiencias públicas bimensuales. “El barrio lo están dejando para los turistas”, insistió la vecina, y el público la aplaudió. González contestó que tenía toda la razón y aseguró que está trabajando en un nuevo plan para que “el Raval sur no sea una zona desértica”.

El 9 de mayo, días antes de que se produjera esta escena, la concejal estaba en Sevilla. Participaba en un congreso sobre centros históricos de ciudades importantes: “Hablamos de devolver la ciudad a los ciudadanos, no de devolver el centro a la ciudad. La diferencia es muy importante. Me refiero a que necesitamos vecinos porque ellos son la vida. Donde hay vecinos hay comercios, es donde pasan las cosas. Estas zonas, además, son más seguras porque hay mayor control social”.

Hubo un tiempo en que junto al Portal de Santa Madrona pasaban muchas cosas. Bajo los efectos nocivos de las chimeneas de Fecsa los niños jugaban en la calle, mientras artistas y turistas se divertían en las tabernas toreras, los espectáculos pornográficos y los tablaos, como el bar del Manquet. Hace unos días, dos señoras jugaban al escepticismo tras la barra de una casa de comidas: “No sé yo si harán los hoteles, si serán buenos o muy buenos, pero si los hacen y son medio buenos, a nosotras nos irá mejor, quitarán la sala de pincharse, la droguería que digo yo, y podremos volver a cerrar tarde”.

Al otro lado de la plaza se encuentra la sala de venopunción de Drassanes, que el Ayuntamiento se ha comprometido a trasladar. A la señora Maria tampoco le gusta. “Aquí ya tenemos suficiente miseria como para soportar la de los demás. Drogadictos y turistas, ya ve usted, y trabajadores de la Seguridad Social, dicen que más de cien, donde antes estaba el mercado del Carme”.

González reconoce los desequilibrios que determinadas actividades pueden causar. De ahí, el replanteamiento general de la zona, un proyecto pensado también con Poble Sec y el Port, que identificará tres ejes sobre los que articular la vida del barrio, y que se sumará a otro, el comercial, que se ha proyectado para la calle Joaquín Costa, en el Raval norte.

El primer eje es la rambla del Raval, el “salón central de exposición”, según González. El segundo es el de los equipamientos culturales: CCCB, facultad de Geografía e Historia, Macba, Biblioteca de Catalunya, la nueva Filmoteca, Escola d´Idiomes y Museu Marítim. El tercero es “el eje cívico de los vecinos”, que nace en las Drassanes, recorre la calle de l´Om, la plaza de Sant Pau del Camp, que se remodelará, y desemboca en la calle Riereta, hoy casi desierta de vida comercial.

Aquí, los conflictos vecinales en torno a la inmigración están a flor de piel. En el 24 de Riereta, dos agrupaciones dedicadas a la educación e integración laboral de jóvenes inmigrantes llevan de cabeza a un grupo de vecinos, muy molestos por la ocupación permanente que estos jóvenes hacen de la calle. “Lo ensucian todo, no respetan nada, pero a mí no me van a echar”. González respondió que este “no es un problema de los unos contra los otros” y recordó que el nuevo plan de usos regulará la ocupación de la calle. También la construcción de hoteles. Aunque no quiere hablar de moratorias, González cree que “necesitamos un estudio sobre la capacidad de carga turística que puede soportar el Raval” y dio a entender que en el Raval sur habrá más viviendas porque los hoteles “merman la actividad vecinal”.

Mientras tanto, los pequeños solares que la señora Maria contempla bajo la lluvia aguantarán tres hoteles de más o menos lujo. Y el nuevo mercado del Carme que reclama esta vecina deberá esperar no se sabe cuánto.

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