Elefantes urbanos

Juny 10, 2008

¿Una ventana abierta al mundo? El zoo es más bien una ventana abierta al siglo XIX

(La Vanguardia)

Cuando se inauguró en 1892, el zoo de Barcelona era una ventana abierta al mundo. En una sociedad sin televisión, sin internet, sin vuelos baratos ni safaris fotográficos por las estepas africanas, las artesanales jaulas de la Ciutadella ofrecían a los barceloneses una evasión a mundos de ensueño. Ha transcurrido más de un siglo y el zoo, en su ubicación original, sigue fiel a la filosofía naturalista de sus fundadores. El afán de coleccionar animales exóticos para exhibirlos a la mirada urbana es aún hoy su finalidad principal. Su vocación investigadora y de divulgación, aun siendo notable, no ha logrado blanquear su imagen de vetusto parque de las fieras. Más que una ventana abierta al mundo, el zoológico se nos revela ahora como una ventana abierta al siglo XIX. Y esto, que puede resultar muy sugerente para los amantes de la vieja historia natural, merece una reflexión en términos de coherencia del gasto público.

Porque el mundo que rodea al parque zoológico sí ha cambiado. En 1914, cuando murió el elefante conocido como L´Avi,la conmoción ciudadana fue tal que el Ayuntamiento tuvo que arreglárselas para sustituirlo de inmediato. Un año después llegó al puerto la elefanta Julie,que fue recibida por una multitud. De todo aquello surgió el lugar común de que la ciudad tenía una especial debilidad por los elefantes. ¿Qué queda ahora de todo aquel entusiasmo por los animales en cautiverio? ¿Nada? Más bien poco. La muerte hace unas semanas del paquidermo Ali apenas ha tenido eco fuera del recinto de la Ciutadella; es probable que no sea sustituido. Y el recuerdo de Copito de Nieve se ha difuminado mucho antes de lo que se pensaba cuando se debatía si debía dedicársele o no una calle. Su imagen sobrevive gracias al merchandising,y es cuestión de tiempo que se convierta en icono de los grupos que combaten el cautiverio de los animales. Seguro que no hay equivalente en el mundo de un animal tan humano condenado a vivir cuatro décadas entre rejas.

¿Qué hacer así con el zoo? ¿Trasladarlo? ¿Reducirlo y potenciar su vertiente investigadora? Su traslado parece una quimera a la vista de que se avecinan años de penuria presupuestaria, y mantenerlo en la Ciutadella sólo prolongará la agonía de sus inquilinos. En cambio, desmantelarlo y destinar su presupuesto y sus valiosos profesionales a proyectos de conservación de fauna salvaje tendría un efecto ejemplarizante, y permitiría de paso que la institución se redimiera de su contribución a un modelo que esclaviza a los animales y que está obsoleto desde que la tecnología y la facilidad de viajar nos permitieron acercarnos a la fauna de forma mucho más amable.

Por si nos volviéramos olvidadizos, recordaremos que Copito fue capturado tras sobrevivir a la matanza de toda su familia en Guinea Ecuatorial.

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