El gran apagón de Barcelona pudo evitarse hace 11 años

Desembre 30, 2007

Las administraciones y empresas responsables del apagón del pasado 23 de julio en Barcelona conocían la precariedad de la red y la necesidad de inversiones desde el año 1996, cuando tuvieron acceso a un estu¬dio al respecto de la agencia Barcelona Regional.

M. EUGENIA IBÁÑEZ
Todos lo sabían. Desde 1996, las administraciones públicas con competencias, directas o indirec¬tas, en la red eléctrica de Bar¬celona y su área metropolitana tenían constancia escrita de la precariedad de ese sistema, de la inseguridad de su red y de la ne¬cesidad de inversiones que unos no quisieron realizar y otros no exigieron con la energía debida. Y lo sabían porque, desde el ve¬rano de ese año, tenían constan¬cia de la situación a través de un estudio que la agencia Barcelona Regional (BR) encargó a la em¬presa Cobra, informe que dejó al descubierto la debilidad de la ob¬soleta red eléctrica metropolitana de alta tensión y programó plazos de inversiones para mejorarla. Ese trabajo se hizo llegar a los despachos pertinentes de la Ge¬neralitat -gobernada entonces por CiU-, del Ministerio de Industria -con titular el PP-, y, lógicamente, del Ayuntamiento de Barcelona -PSC, ICV y ERC-, para quien trabajaba BR. Tras el gran apa¬gón del pasado 23 de julio, cuyos efectos aún se arrastran, ningún representante de los partidos ci¬tados, ni de las administraciones involucradas, ni de las empresas responsables -FECSA/Endesa y Red Eléctrica Española (REE)- citaron la existencia del informe redactado en 1996 ni las inver¬siones negadas durante 11 años a los barceloneses. Nadie tuvo el valor de reconocer que aquel plan de mejoras había previsto, entre otras muchas cosas, reglamentar el emplazamiento del cable que cayó sobre la subestación de Co¬llblanc y regular esta subestación y la de Maragall. Y con ese cable bajo tierra y con otro tipo de ma¬lla más segura no hubiera habido ni apagón ni caos. La desidia de unos y la ineficacia de otros la es¬tán pagando miles de usuarios.

La historia se empezó a escri¬bir a mediados de 1994, cuando Barcelona Regional, agencia de ámbito metropolitano dirigida por el arquitecto José Antonio Ace¬billo, encarga a Cobra, empresa especializada en instalaciones eléctricas de Muy Alta Tensión, la realización de un trabajo que debía poner negro sobre blanco el sistema de transporte y distri¬bución de energía en Barcelona y su entorno metropolitano, reforzar y ordenar las líneas construidas por las distintas empresas eléctri¬cas y atenuar el impacto ambien¬tal del trazado de alta tensión en determinadas zonas, en especial, Collserola y el último tramo del río Besós. El informe, titulado Plan de reordenación de la red eléctrica de alta tensión en el área metropolita¬na de Barcelona, se entregó a BR en julio de 1996 y, poco después, a las empresas y organismos afectados o con competencias en las propuestas del informe. El plan proponía una reforma general de la red de alta tensión y subesta¬ciones, concretada, en términos generales, en los siguientes pun¬tos: acabar con una cierta duplici¬dad de líneas -que se mantenían por comodidad de las empresas-, potenciar la red, mejorar la tecno¬logía y, en definitiva, modernizar y dar mayor seguridad a toda la red de transporte y distribución.
El costo de la mejora
Pero el plan de reordenación te¬nía un gran problema: su costo, casi 40.000 millones de pesetas de la época -unos 240 millones de euros-, monto total de la reali¬zación de mejoras como soterra¬miento de líneas, adecuación de nuevas galerías, desmontaje de lí¬neas aéreas, renovación de las re¬des, construcción de una decena de nuevas subestaciones, etc. Las inversiones se programaban en dos fases, unas que debían estar realizadas en el 2005 y, el resto, en un plazo más largo, hasta el 2020. Con el diagnóstico de la situación muy claro, en noviembre de 1997 se creó una mesa de trabajo en la que participaron REE, ENHER, Generalitat y BR, y de ese encuen¬tro de expertos surgen tres infor¬mes distintos, uno formulado por REE -que avala los criterios de fiabilidad del plan-, otro por EN¬HER y el tercero por BR, tres pro¬puestas muy distintas que exigían el arbitraje y el “hágase” final de las administraciones competentes. Pero ni Generalitat ni Ministerio de Industria optaron por asumir la res¬ponsabilidad de una decisión que exigía altas inversiones a REE y a la todopoderosa ENHER-Endesa. Generalitat y ministerio se inhibie¬ron y el informe encargado por BR como propuesta global para mo¬dernizar la red y mejorar la seguri¬dad y la protección medioambien¬tal quedó relegado, olvidado.
FECSA-Endesa no se presenta
La primera realización prevista en el plan se llevó a cabo a partir de mayo de 1999. En esa fecha, la Conselleria de Indústria, tres ayuntamientos -Barcelona, Sant Adrià de Besòs y Santa Coloma de Gramenet-, BR y el Grupo En¬desa (FECSA) firmaron un conve¬nio para retirar las torres de alta tensión situadas junto al Besòs e instalar los cables en galerías soterradas. El acuerdo estaba relacionado con la recuperación medioambiental del tramo final del río y el nudo de la Trinitat, y tam¬bién con el aún lejano Fòrum del 2004, que iba a celebrarse en un recinto que, en aquellos momen¬tos, tenía a las torres de alta ten¬sión como vecino más próximo. La retirada de esas instalaciones y las nuevas galerías -una parte de las cuales ya se construyeron durante los Juegos Olímpicos- se llevó a cabo con fondos de cohe¬sión europeos y aportaciones de los tres municipios. Ni ministerio ni Generalitat pusieron un duro.

El plan de reordenación quedó postergado hasta el 2002, cuando, de nuevo por iniciativa del Ayunta¬miento de Barcelona, FECSA-En¬desa firmó un convenio para el de¬sarrollo de las infraestructuras del municipio. El acuerdo, incluido en el llamado Plan Tramontana para toda Catalunya, preveía, entre otras mejoras, el tendido de nue¬vas trazas de cables de 220Kv y la construcción de una docena de nuevas subestaciones, cuyos em¬plazamientos se fijaron tres años más tarde. Pero FECSA-Endesa demostró tener la misma facilidad para firmar convenios que para in¬cumplirlos. En el 2006, ante la evi¬dencia de que no se llevan a cabo las obras previstas, se convoca de nuevo a Generalitat, REE y FEC¬SA-Endesa, aunque esta última opta por no acudir al encuentro. Ni el Gobierno catalán ni el Ministerio de Industria intervienen para for¬zar esa comparecencia y exigir las inversiones comprometidas.

Y con ese panorama, llegamos al 23 de julio. Un cable que de¬bía haber sido retirado pero que se balanceaba por los aires, más una red de subestaciones cuya ampliación llevaba 11 años en lis¬ta de espera dan como resultado un apagón que dejó a millares de barceloneses a oscuras y una red eléctrica con graves problemas que tardarán meses en resolver¬se. Dos meses después, en sep¬tiembre pasado, en el texto de las aportaciones que el Ayuntamiento de Barcelona presentó al Ministe¬rio de Industria para la planifica¬ción del sector eléctrico se podía leer que las carencias de las sub¬estaciones “contribuyeron a mag¬nificar los efectos del apagón del pasado 23 de julio”.

Sólo tres de las subestaciones incluidas en el plan de 1996 y com¬prometidas en el 2002 estaban en servicio el 23 de julio del 2007, y el sistema de regulación automática de las subestaciones de Collblanc y Maragall llevaba 11 años en lista de espera. Y todos lo sabían.

Hacia un futuro monopolio de Fecsa
Hasta ahora, el transporte de energía eléc¬trica de 220 Kv, 400 Kv y líneas y cables subterráneos ha correspondido a Red Eléc¬trica Española (REE), empresa creada en 1985 con el objetivo de separar la genera¬ción de energía, el transporte y la distribu¬ción. Durante los últimos 27 años, REE ha gestionado la red de transporte y la opera¬ción del sistema eléctrico español. Pero una ley de la Generalitat prevé la aplicación de excepcionalidades que pueden acabar con esa exclusividad. De acuerdo con la nue¬va normativa, las empresas distribuidoras de energía eléctrica pueden reclamar el transporte de la misma en áreas con más de 20.000 clientes, que corresponde a unos 50.000 habitantes. Parece probable que FECSA-Endesa, empresa distribuidora, se acoja a esa excepcionalidad y reclame el transporte de la energía en Barcelona, lo cual dejaría en sus manos la totalidad de la gestión eléctrica en la ciudad, una espe¬cie de monopolio, porque FECSA-Endesa distribuye en Barcelona casi el 100% de la energía eléctrica y comercializa -cobro de los recibos- aproximadamente el 45% del consumo en esta ciudad.

Carrer núm. 104
novembre-desembre de 2007

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