Una polémica mal llamada ‘narcosala’

desembre 31, 2005

Ricardo Iván Paredes
Mientras la consellera de Interior, Monserrat Tura, alerta a un sector de los manifestantes “antinarcosalas” que los Mossos d’Esquadra no permitirán más cortes de la Ronda de Dalt, el colectivo vecinal se reúne para buscar soluciones al polémico y complejo tema de las salas de venopunción.

Si bien las protestas han bajado de tono, la nueva política de la Administración sobre seguridad pública está orientada a evitar todo acto vandálico. “La policía autonómica se comportará en función de cómo se comporten ellos (los vecinos que protestan)”: las palabras de la consellera son claras.

A partir de la I Jornada de debate sobre Políticas de Drogodependencias -realizada el 22 de octubre último en el Ateneu Popular de Nou Barris y organizada por la Favb, el Grup Igia i la Coordinadora d’Associacions i Entitats de Nou Barris-se realizan reuniones periódicas en busca de una estrategia conjunta de las organizaciones con el objetivo de presentar posteriormente una propuesta al Ayuntamiento.

En primer lugar, la jornada sirvió para reconocer que el tema de las salas de venopunción se enmarca en un problema global de carácter sanitario, que requiere conocer los servicios necesarios para su instalación (cuáles y en qué zonas), todo esto enmarcado en un plan de equipamientos global para la ciudad. Para ello se estudiaron las experiencias sobre políticas de drogas en Granada, Ginebra, Bilbao y en Barcelona.

Vecinos que protestan
“Si instalan las ‘narcosalas’, aquí aumentará el número de vendedores de drogas”, afirma Laurio Perdiguero, presidente de la AV de Porta (Nou Barris) y asegura que una de las razones de la protesta ha sido la negativa del Ayuntamiento a consultar al vecindario sobre la instalación del centro de venopunción de Vall d’Hebrón (en julio pasado) y de la construcción de otros, en áreas aún no precisadas. En Porta viven 28.000 vecinos y otros 80.000 en el sector (Taxonera, Montbau y Sant Genís).

“No estamos contra el tratamiento a los drogadictos. Lo que no queremos es regresar a hace 10 o 15 años en que los camellos estaban en nuestras puertas”, dice el presidente de la AV Parc del Vall d’Hebron, Luis Bello. Rechaza dicha instalación porque considera que no es adecuada en una zona hospitalaria, cerca de centros escolares y de gran afluencia de público. Sin embargo, es partidario del diálogo y contrario a la violencia.

“Narcosala”: término incorrecto
“¡Por favor. Que no les llamen narcosalas!” Es la expresión -coincidente- con que empieza la entrevista a Esther Henar, coordinadora del centro de venopunción Baluard, Enrique Ilundain Ayala, del Grupo Igia, y Joan García, secretario de la Favb. Narcosala es “un término que sólo busca criminalizar” este tipo de servicio asistencial dirigido a toxicómanos. Coinciden.

¿Y entonces cuál es la denominación correcta? Los especialistas utilizan a menudo los términos Espacio de Venopunción Asistida (EVA),Servicio de Venopunción Higiénica o -a nivel administrativo- Centro de Atención y Seguimiento de Toxicómanos (CAS), que en Barcelona están administrados por la Agencia de Salut Pública de Barcelona (ASPB).

Se trata de módulos de atención médica, donde los toxicómanos y consumidores (generalmente de heroína) disponen de espacios donde se les administra jeringuillas y agua destilada para que puedan inyectarse en condiciones higiénicas. Todo esto supervisado por un equipo de médicos y educadores sociales.

Entidades como la Favb han dado su visto bueno a la implementación de este programa municipal. Su representante, Joan García, argumenta que está enmarcada “en la política de disminución de daños” en materia de drogas.

Los Espacios de Venopunción Asistida -sostiene García- están planificados para el consumo en condiciones higiénicas, evitando la infección de HIV y de la hepatitis B. Se trata de no causar problemas en el entorno social. Además, posibilita que los pacientes se desenganchen de su adicción.

Can Tunis
Enrique Ilundain, representante del Grup Igia, pone el dedo en la llaga. Aclara que la raíz del problema que actualmente se vive en la capital catalana está en la falta de previsión, por parte del Ayuntamiento, respecto a las consecuencias del desalojo de Can Tunis, como parte de un plan municipal de ampliación del puerto, hace más de un año.

Durante años, el gran descampado de Can Tunis fue una especie de “zona liberada”, donde los consumidores acudían en forma masiva a pincharse y a comprar heroína. Se instalaban dentro de chabolas. Inclusive para transportarse, desde el centro, tenían los autobuses de la famosa línea 38.

“El problema se les ha ido de las manos”, comenta el representante del Grup Igia, asociación fundada en 1983, cuya finalidad es generar espacios de encuentro y de reflexión interprofesional sobre aspectos relacionados al fenómeno de las drogodependencias.

No ha habido una política conjunta para afrontar este asunto, insiste García. No han tomado en serio el problema. No se han aplicado dispositivos destinados a la acogida de toxicómanos, de consumo controlado y de tratamiento.

Sala Baluard
El proyecto de la Sala Baluard se inauguró, en diciembre del año pasado, como un programa paliativo al desmantelamiento de Can Tunis. A su coordinadora, Esther Henar, le acredita ser una de las pioneras en el tema. Entre 1985 y 2004 trabajó Can Tunis. Explica que la sala de inyección higiénica es el “primer espacio vinculante” entre los pacientes y los profesionales de la salud y de la educación social. En base a ello, se hace un trabajo directo con la población consumidora y se aplican herramientas asistenciales para que se desenganchen. Además, se hace un seguimiento de las terapias, del ciclo social y familiar de los toxicómanos.

“Hay que recordar que éste es un problema de todos”, expresa. Ubicada en la plaza Blanquerna (Ciutat Vella), la sala a fines de julio amplió sus instalaciones de 60 metros cuadrados. El servicio funciona las 24 horas, en tres turnos (con 2 equipos operativos). Allí trabajan en total 43 personas entre profesionales, asistentes y voluntarios.

En cuanto al balance de diciembre de 2004 a mayo de 2005, el rostro de Esther Henar expresa satisfacción.1.700 drogodependientes fueron atendidos ese lapso (entre 170 y 180 usuarios al día).De ellos, el 80 % son hombres jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 30 y 35 años, de distintos niveles socio-educativos.

Información y diálogo
Tanto Ilundain como Henar coinciden: la solución del problema pasa por la información y el diálogo. Se trata de explicar a los vecinos y a la opinión pública qué es un servicio como éste y para qué sirve. Al respecto, ambos profesionales ofrecen hacer tareas de orientación y asesoría, mientras la Favb coordina conversaciones entre las asociaciones vecinales y el Ayuntamiento.

“Si se les explica las cosas (a los vecinos), ellos lo van a entender”, sostiene el representante del Grup Igia. “Ellos deben entender que estamos hablando de razones humanitarias y que con las salas de venopunción se benefician todos: los usuarios y la comunidad. Porque no olvidemos jamás que el problema es de todos”. “De todos”, corrobora Esther Henar.

Dependencia en cifras
La Agencia de Salut Pública de Barcelona estima que en la ciudad Condal existen más de 7.500 heroinómanos, de los cuales hay entre 150 y 200 de extrema marginalidad, sobre todo en Ciutat Vella y Nou Barris. Además, se calculan en 10.000 los cocainómanos y en unos 70.000 adictos al alcohol.

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Una resposta to “Una polémica mal llamada ‘narcosala’”

  1. Carlos Says:

    Narcosala, es el nombre recogido en la R.A.E. la criminalización del consumo de drogas no viene a través de este nombre sino de hechos anteriores.
    Cambiar el nombre de las cosas nos las hace más o menos buenas del mismo modo que una carcel siempre será una carcel aún que queramos darle cualquier otro nombre. No es el nombre el que criminaliza sino su propia actividad.

    Por lo demás de acuerdo en que el conflicto debe resolverse mirando hacia adelante pero en sin caer en la trampa de esconder el problema.


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