Enviat per: barcelonaldia | Març 16, 2006

El oasis incívico del Raval. Suciedad y orín conviven en los jardines Rubió i Lluch pese a la ordenanza

ANTÒNIA JUSTÍCIA - 16/03/2006
BARCELONA

Cajas, papeles, envoltorios y latas convierten la escalinata principal de la Biblioteca de Catalunya en una improvisada papelera. La escalera de enfrente está peor. Y eso que en los alrededores hay como mínimo ocho recipientes cilíndricos cuya función es precisamente albergar desechos. Son las papeleras que hay repartidas por los jardines Rubió i Lluch, un rincón escondido de Ciutat Vella protegido por los muros del antiguo hospital de la Santa Creu. “Un verdadero oasis de paz que nos sumerge en un paisaje lleno de historia”, reza la explicación que sobre el lugar da la web de la ciudad. Un oasis donde, al parecer, historia y limpieza no casan y donde precisamente los rincones escondidos se utilizan para menesteres que otorgan otro tipo de paz, la que da el alivio fisiológico. El hedor a orines procede de pequeños charcos sin salida bajo las zonas porticadas. Yya prácticamente nadie las transita. Ni ayer, ni hace un mes, ni hace un año.

“Es triste que a nadie le sorprenda que este espacio esté tan degradado”, se lamenta Susana Izquierdo, una estudiante cuyo cuartel general se instala casi cada tarde en la Biblioteca de Catalunya. Es una imagen que hace años que se repite. “La sorpresa sería precisamente lo contrario. Que todo estuviera limpio y el césped cuidado”, sigue Susana. Y eso que cada mañana un equipo de limpieza del Ayuntamiento trata de adecentar la zona. De ello dan cuenta los centenares de alumnos de la Escola Massana. Pero horas después, el lugar vuelve a estar igual, si no peor. “Se necesita más limpieza en este sitio. Todo el mundo lo sabe, porque hay mucho tránsito de gente y también es punto de encuentro de personas que están en la calle. Aquí comen, mean y duermen”, explican profesores y alumnos de la escuela de arte.

Hoy, el mismo grupo de siempre lía canutos mientras otros duermen a pierna suelta sobre los bancos. Son las cuatro de una tarde gélida de marzo, pero podría ser cualquier día de cualquier mes del año. Los que conocen el lugar desde hace tiempo aseguran que los jardines no han cambiado ni un ápice. Ni siquiera por la ordenanza de civismo. Hace un año que Andreas Stave abrió en ese enclave el restaurante El Jardí con una concesión municipal que pretende dinamizar y adecentar el lugar. “Por la noche es más tranquilo que de día”, cuenta Andreas.

“De noche ya están KO, pero de día se emborrachan y se pelean, aunque aquí sólo vienen de vez en cuando a pedir dinero a los clientes”. Es lo que Andreas contaba este verano y lo que también cuenta ahora. Aunque añade un matiz: “Ahora vemos algunos educadores sociales venir por aquí, pero no sé si tienen mucha suerte”. A la vera del establecimiento hay un lavabo público que casi nadie utiliza. A pesar de ello, los propietarios del lugar instan a estos inquilinos rebeldes a entrar en ellos. Con muchos fracasos, eso sí, aseguran. Y es que las costumbres son difíciles de modificar. Por eso los rincones de estos jardines denotan por el olor cuáles son las preferencias a la hora de aliviar el cuerpo.

Adecentar el espacio
A finales de este mes, los propietarios de El Jardí abrirán otro establecimiento en el centro de los jardines Rubió i Lluch. Para ellos es un negocio, aunque saben que su misión encubierta es también la de contribuir a adecentar el centro de esta zona, la única por la que los turistas y la gente de a pie se atreve a transitar con total libertad. Después, el distrito se ha comprometido ha realizar obras y construir conductos que permitan la evacuación de las aguas-orines que ahora se acumulan bajo la zona porticada. El compromiso también contempla la instalación de más puntos de luz bajo los porches. Con estas medidas y la instalación de un nuevo punto de restauración se espera realzar el espacio. Así lo esperan los impulsores de estos locales que han apostado por convertir Rubió i Lluch en ese oasis de paz y de historia de la que se hace alarde a nivel institucional.

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