El doctor Ribó en el Raval
RAMON SUÑÉ - 27/01/2006
BARCELONA
Hajar Zebair, una joven catalana de padres marroquíes, acompaña a un grupo de mujeres de esta nacionalidad al Casal dels Infants del Raval. El propósito de su visita es exponerle al Síndic de Greuges, Rafael Ribó y al amplio equipo de colaboradores que se han desplazado hasta la popular asociación de la calle Junta de Comerç algunos de los problemas con los que se conviven a diario los habitantes del barrio más multiétnico de Barcelona.
Se quejan de las condiciones de su vivienda – una de las compañeras de Hajar lleva diez años en un piso de 34m2y una sola habitación con su esposo y sus cuatro hijos-; de la situación de los menores que deambulan por la calle en horario escolar; de la falta de espacios adecuados para relacionarse…
El Defensor de les Persones y su equipo atienden, una por una, las demandas, quejas y peticiones de información de los ciudadanos “sin distinción de nacionalidad ni situación legal”, tal como prometen los carteles que desde hace unos días anuncian la visita.
Es la primera vez que esta especie de oficina móvil del ombusdman catalán abre consulta en un barrio de Barcelona y una veintena de personas ha concertado entrevista.
El que fue secretario general del PSUC y líder de Iniciativa aprovecha también para reunirse con entidades de un territorio con el que mantiene un contacto casi permanente. No en vano, en Ciutat Vella está el origen de muchas de las actuaciones iniciadas por el Síndic (251 en el 2004 y 355 el año pasado). Los pacientes del doctor Ribó padecen enfermedades comunes a toda la ciudad, pero que en el Raval son más graves y más habituales que en otros barrios: vivienda (mobbing,hacinamiento en pisos sin las mínimas condiciones de habitabilidad, precios imposibles), inmigración (falta de papeles, menores desamparados), ruidos y suciedad. También son habituales las quejas por procedimientos administrativos, como el que explica en un perfecto catalán Francisco, colombiano con siete años de residencia en Barcelona. Un día estacionó su coche junto a una de las aceras de la calle Guàrdia, aquella en la que, según la señalización, estaba permitido aparcar. La grúa se llevó su vehículo y perdonó, en cambio, a la decena de automovilistas que habían dejado los suyos en el lado prohibido. Al mes siguiente, escarmentado, Francisco imitó a sus vecinos y aparcó el coche mal, como todo el mundo. Mala suerte la del colombiano; esta vez la grúa fue inmisericorde y castigó a todos los infractores.
Desde que Rafael Ribó accedió al cargo de Síndic, ha empleado este formato de relación con los ciudadanos en 41 municipios. La de ayer fue la primera en Barcelona. Su intención es repetirla en otros barrios de la capital y seguir mediando entre las personas y las instituciones que siempre las representan y, en algunos casos, las perjudican.