Enviat per: barcelonaldia | Març 30, 2004

Zinc sobre les arenas

Más que una plaza de toros parecía un jardín botánico. No eran matojos, sino verdaderos árboles los que crecían en un ruedo que se caía a pedazos. Ahora la rehabilitación y transformación de Las Arenas le infundirá de nuevo vida y conservará su histórico carácter lúdico. Pero, sin duda, será un ocio muy diferente. 

ALBERTO GONZÁLEZLas Arenas es uno de los dos coliseos con los que ha contado Barcelona hasta fechas recientes. Situado en la plaza de Espanya, en la confluencia que forman la avenida de Les Corts Catalanes y las calles Tarragona, Llanas y Diputació, fue proyectado por el arquitecto Augusto Font y Carreras, a instancias de una sociedad constituida con el único fin de dotar a la ciudad condal de una nueva plaza de toros.  

Se erigió así un bello edificio de estilo arábigo, provisto de tendidos, gradas cubiertas y, sobre ellas, un piso superior a modo de andanada en el que se alojaban también 52 palcos. Los rasgos arábigos se mostraban sobre todo en la fachada exterior, así como en el aspecto y decoración de los palcos. Pero, sin duda, una de las piezas que más destacaba era el gran arco de herradura de la puerta principal, orientado hacia la avenida de Les Corts Catalanes.  

Con un aforo que rondaba las 15.000 personas en el momento de su inauguración (acaecida el 29 de junio de 1900), la plaza de Las Arenas era una de las más bellas y mejor dotadas de cuantas existían en todo el planeta de los toros. El diámetro de su ruedo alcanzaba los 52 metros y el conjunto de su aspecto externo y sus dependencias interiores la convertían en una edificación emblemática para la ciudad de Barcelona. No en vano había requerido una inversión superior al millón y medio de pesetas (de finales del siglo XIX), repartidas en las 870.000 pesetas que costó la adquisición de los terrenos y las 780.000 gastadas en la propia obra. Casi un siglo más tarde, con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, se elaboró un documento donde se ponía de manifiesto el estado de degradación de algunas zonas de la plaza. Estas noticias, junto con la inexistencia de corridas de toros desde 1990, hicieron que Las Arenas entrara en un profundo declive.  

Su desuso había abocado a la antigua plaza de toros a un claro deterioro. Una situación que tiene los días contados, porque ya se encuentra en marcha el proceso de rehabilitación que convertirá este emblemático edificio en un nuevo equipamiento ciudadano, preservando su legado arquitectónico para las futuras generaciones. Para ello se recuperará la fachada de la plaza y se habilitarán para los peatones sus zonas aledañas, permitiendo la renovación urbanística de toda la zona.  

Para acometer este proyecto, que supone una inversión de 100 millones de euros, se ha creado una nueva sociedad denominada Nueva Plaza de Toros de Barcelona, SL, participada por Sacresa (55%), Inversiones Hemisferio, filial del grupo Planeta (30%) y la constructora ACS (15%).  

El nuevo centro de ocio contará con una superficie total de 100.600 metros cuadrados (37.900 de los cuales estarán edificados sobre rasante).  

El proyecto del centro comercial, lúdico y de negocios Las Arenas ha sido elaborado por el prestigioso arquitecto inglés Richard Rogers y por el estudio catalán Alonso &Balaguer i Arquitectes Associats. Pese a que algunos de sus futuros usos todavía están por decidir, ya se han dado a conocer públicamente la mayoría de detalles del mismo.  

El edificio constará de cuatro plantas de aparcamiento subterráneo, con una superficie de 12.440 metros cuadrados, lo que dará cabida a 1.250 coches y 670 motocicletas. Los creadores del proyecto aseguran que tantas plazas de aparcamiento sólo beneficiarán a la zona, descongestionando el tráfico y, por supuesto, facilitando el acceso a los futuros visitantes. Sin embargo, no todo el mundo lo tiene tan claro. Joan Anglada, presidente de la Asociación de Vecinos del Parc de l’Escorxador, piensa que el gran aparcamiento subterráneo sólo hará que aumentar el volumen de circulación de la plaza Espanya y alrededores, lo que “puede provocar colapsos circulatorios impresionantes en las horas punta”.  

También bajo el nivel de calle, la planta -1 tendrá 6.000 m2 dedicados al ocio, comercio y restauración. Entre los servicios previstos se encuentran bares, cafeterías, espacios de simulación virtual, tiendas y una gran bolera. La planta de superficie será la zona más comercial del complejo, aunque también contará con locales dedicados a la restauración y al ocio. Esta planta se podría definir como una gran galería comercial con diversas tiendas, entre ellas algunas marcas exclusivas, que ofrecerán una variada oferta en sus 4.750 m 2 .La primera planta del edificio, que tendrá una superficie de 3.000 metros cuadrados, contará también con diversos locales comerciales, zonas de restauración y grandes espacios dedicados al ocio infantil.  

En las siguientes plantas, la segunda y tercera, estarán repartidas diversas zonas de restauración (300 m 2 en total) y doce salas de cine que ocuparán 6.200 m2 .  

En el nivel superior se ubicará un club deportivo de 4.500 m 2 que contará con una gran variedad de servicios, entre los que se encuentra una zona termal, un solarium, una zona de fitness, y una gran pista de footing que rodeará toda la plaza.  

Por último, la quinta planta estará habilitada como un gran espacio multifuncional, donde se podrá organizar cualquier tipo de acto, como convenciones, presentaciones, pases de modelos, etc.  

El edificio se coronará con una cúpula abovedada de zinc, que cubrirá todo el proyecto, y que será la unión simbólica entre la tradición de la antigua plaza de toros y la innovación del nuevo complejo.  

 

Desolación y crítica vecinalMás callados que un cartujo. Así se quedaron los vecinos de la zona cuando supieron que pasaba a manos privadas. Su sueño siempre había sido que el Ayuntamiento se apropiara de este viejo monumento a la tauromaquia. No siendo así, su castillo de arena se desvanecía: Nada de un gran centro de equipamientos y servicios para el barrio. Mejor dicho, casi nada, porque lo cierto es que consiguieron que el proyecto incluyese, tal y como explica Anglada, “unos espacios para las entidades vecinales”. Pero la presidenta de la Asociación de Vecinos de la Esquerra de l’Eixample, Trini Capdevila, califica de “irrisorios” los 300 metros que parece que finalmente irán destinados a estas necesidades.  

Aún conscientes de su pequeño margen de maniobra e influencia, las asociaciones del barrio han hecho lo que han podido por hacer valer sus deseos en la configuración del nuevo centro. Según Anglada, “lo que principalmente nos preocupaba era la delimitación de los usos, y los excesos que se pudieran cometer”. Por eso desde las asociaciones de vecinos se pidió al Ayuntamiento la seguridad de que no se abrirían en el centro grandes discotecas o bares musicales, para evitar el jaleo nocturno en los alrededores. Una petición que, según Capdevila, ha obtenido un compromiso firme por parte del distrito, así como la de que “el centro no afecte al pequeño un punto en el que desconfía especialmente la Asociación de Vecinos de l’Esquerra de l’Eixample. 

Promesas aparte, lo cierto es que para ambas entidades el barrio tiene otras necesidades que difieren mucho del modelo que promoverá el futuro centro Las Arenas. Y como deja caer Capdevila, “quizás comienzan a sobrar centros lúdicos en la ciudad de Barcelona…”.

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